Año 11. Nº 1


 

LA TAXONOMÍA UNA DISCIPLINA MODERNA Y NECESARIA

 

Dr. Jorge N. Artigas

Profesor Emérito- Universidad de Concepción
Depto Zoología.  Casilla 16 C, Concepción, Chile
E-mail: jartigas@udec.cl

 

La Taxonomía es una actividad con-natural al hombre quien no podrá ni  ignorarla ni evitarla.

 

Desde el inicio del intelecto humano, el hombre ha sido un agrupador de ideas, lo que tempranamente lo distinguió del resto de los animales. Conceptos como piedras, ríos, árboles, cielo, estrellas, sol, luna, no se encuentran en otros animales (hasta donde sabemos).

 

La idea de grupo, unida a un nombre y a una posible descripción, constituía información acumulable, transmisible y susceptible de ser incrementada.  Pasada de generación en generación, constituyó la base de la civilización.

 

Un grupo humano con información era más fuerte y exitoso. Su memoria colectiva aportaba elementos útiles, su alimentación, desarrollo y la defensa.

E1 hombre ha sido un compulsivo asociador de ideas. Introduce a los conceptos como fruta, arañas, aves, huesos, los calificativos de bueno, importante, necesario, deseable, malo, peligroso, agradable, bello.

 

Con el desarrollo del lenguaje, desde el gruñido hasta la palabra, la velocidad del intercambio de información  incrementa la cultura y su aprovechamiento. E1 dibujo y la escritura agregan precisión y mejoran la conservación del conocimiento.

 

Posteriormente  asocia, por ejemplo: Me gusta, me sirve, no me gusta, te sirve, es peligroso para ti, nos conviene a todos, nos gusta a todos. Esto lo deben saber nuestros pequeños: enseñémoselos. E1 hombre se hace, derivado del éxito de esta actividad, un comunicador compulsivo.

 

Los grupos humanos desde el inicio están naturalmente conformados por:

a) Los que saben más: los sabios (se les protege).

b) Los que transmiten: los docentes (se facilita su labor).

c) Los que descubren nueva información: los investigadores y exploradores (se premian).

d) Los que aún no saben: los jóvenes (se les estimula y protege).

e) Los flojos y los que aprenden poco y sólo se dejan arrastrar por el resto y hay que alimentarlos y cuidarlos ( se les abandona o elimina -selección intra-tribal-).

 

Tenemos compulsión por saber el nombre. Lo experimentamos al pasear por un jardín. Nos gusta una flor y preguntamos: ¿Cómo se llama? Es un signo de humanidad irrenunciable

 

Agrupaciones de conocimientos crean las ciencias y las especialidades como zoología, astronomía, medicina, mineralogía, religión. Todo el conocimiento y por ende la civilización y la cultura, están basados en la fidelidad y exactitud del nombre. Si la nueva información es asignada al sujeto equivocado, no avanza el conocimiento e incluso puede retardarse o retroceder. Para que sea provechoso se debe asignar con exactitud, en la medida que las ciencias puedan ser exactas (preferentemente las biológicas). Por ejemplo, no se puede asignar la autoría de un crimen a un sujeto equivocado pues ni el crimen ni el culpable son aclarados. En nomenclatura farmacológica: no es lo mismo tomar una aspirina que una píldora de cianuro.

 

Hay un ejemplo dramático, sucedido en Concepción. Un investigador, ya fallecido, colectó durante un ejercicio de buceo, una masa de huevos de un molusco desconocido. Fue llevado al laboratorio para seguir su desarrollo. Por largo tiempo se hicieron anotaciones de forma, tiempo, comportamiento, temperaturas. E1 plan era llevar estos huevos hasta el estado en que alguien fuera capaz de identificar la especie, a la cual se le asignaría la valiosa información ya obtenida. Pero murieron antes de llegar a esa esperada etapa y toda la preciosa información, costosamente reunida, se perdió para siempre.

La precisión de la nomenclatura en la ciencia en general y muy en particular en la biología, ha sido motivo de cuestionamiento. "Todo cambia, alegan no sin razón.  Las teorías caen, las hipótesis usualmente no se demuestran y todo eso llena la ciencia de nombres que terminan inútiles. En el mundo vivo eso ya viene garantido con el proceso evolutivo: todo se mueve, avanza a otra condición. Su nominación es por lo tanto superflua", alegan.

 

Algunos cuestionan el concepto de especie o lo redefinen hasta hacerlo inútil. Y concluyen que si no hay especie, no hay nada que nombrar. "Talvez sólo se puedan definir conceptos o grupos, con denominaciones tentativas que indiquen las formas vivas junto con su entorno, su comportamiento, su distribución, sus limitaciones". Otros apoyan el uso de números inteligentes que agregarían  a la definición específica toda su posición taxonómica.

 

Otros desautorizan a los taxónomos pues creen que describir una mosca ayudados por nuestros sentidos, aunque ampliados con instrumentos, no es suficientemente preciso. “Sólo otra mosca podrá distinguir a su congénere”. Nunca podremos penetrar sus capacidades selectivas.

 

Últimamente se postula que “sólo el ADN puede resolver la necesidad de identificaciones precisas. Lo otro, o lo anterior, es inútil y está pasado de moda”. Esto recuerda la vieja recomendación política: Cuando quieras destruir una buena idea, propone una mejor aunque sea imposible.  Bienvenido ADN, como otro carácter, más preciso pero más difícil de usar. Últimamente las nuevas técnicas permiten usar tejidos de animales de museo. Ya hay indicaciones para conservar de manera que se pueda usar tejido después de largo tiempo almacenado. Ha sido el aporte de las momias. Y la técnica forense ha permitido usar cantidades mínimas de tejido, como el que aportan los insectos, ácaros, bryozoos.

 

Algunos críticos provenientes de la ecología, la genética y la biotecnología, proponen que una especie sólo puede ser descrita cuando ya se conozca su biología, comportamiento, necesidades vitales (por varias generaciones) y distribución. Con esto quedan descalificadas las colecciones y sobretodo las especies creadas en base a un limitado número de individuos. Ni que decir del concepto de tipo y paratipos. Al seguir esta recomendación habría solo un millar de especies descritas a la fecha en el mundo. Nuestra civilización ha pecado felizmente de insensata y ha hecho taxonomía y sistemática (si ambos términos no son sinónimos) y ha catalogado cerca de dos millones de seres vivos o que estuvieron vivos.  Información de gran utilidad para incorporarla al conocimiento del medio en que habita el hombre, su ciencia, su industria, su comercio, su medicina.

 

La existencia de catálogos, monografías, revisiones, manuales, ha permitido la creación de leyes protectoras del ambiente, leyes reguladoras del comercio, leyes protectoras de la salud. Es decir podemos manejar, usar y comunicar la información de nuestra cultura mediante el uso de nombres.

 

En Chile, la historia de la taxonomía sigue el curso clásico de los países tercermundistas. Primero una etapa de descubrimiento faunístico y florístico, con abundante creación de nuevas especies hechas por naturalistas europeos (Pigafeta, Darwin, Malaspina, Frezier, D'Orbigny). En una segunda etapa el Gobierno contrata naturalistas europeos para que trabajen en el país. Se produce una importante creación de especies (Gay, Philippi, Germain, Waterhouse, Poeppig). A continuación se dedican a la taxonomía naturalistas formados en Chile (Reed, Medina, Reiche, Ureta, Kushel, Porter). Las publicaciones sin embargo son insuficientes y muchos textos de enseñanza media usan ejemplos de la fauna europea, así como dibujos y láminas en colores. De 1935 en adelante se produce una sequía en todos los grupos que no sean aves, mamíferos, reptiles, peces, crustáceos.  Con Cei, Donoso-Barros, De Buen, Osgood, Housse, que publican monografías destinadas a la extensión. Algunas expediciones colectan material y lo llevaron a Europa para estudiarlo. Luego de un tiempo aparecen las monografías que llevan el nombre de la expedición COM o la Lund Chile Expedition.

 

Se establece la idea que las identificaciones las pueden hacer, y con mayor certeza, los expertos extranjeros. Es principalmente el Ministerio de Agricultura, hoy en día el SAG, quienes usan prioritariamente este procedimiento. Es limitante pues se trata casi exclusivamente de insectos plagas cosmopolitas.

 

En la práctica no se crean puestos de taxónomos. La taxonomía en Chile la hacen investigadores o docentes universitarios como una actividad paralela para poder publicar y ganar puntaje en las evaluaciones.

 

La juventud científica sale en abundancia a estudiar al extranjero a partir de los años 50. Pero ellos se asocian con sus profesores en las investigaciones que estos hacen, que son más cercanas a la biología molecular, genética y  biología celular. Estos profesores pueden dedicar su tiempo a estos temas pues la taxonomía gruesa de sus países la han terminado hasta en un 75%. En Europa, este trabajo se terminó, entre 1890 1910, en USA entre 1925 y 1940. Los científicos jóvenes becados que regresan a Chile, quieren seguir la línea que iniciaron con sus tesis y piden a sus universidades que les monten costosos laboratorios, para “no quedarse atrás”. Así tenemos un país con abundantes biólogos moleculares en medio de una fauna y flora  que desconocen. Posterior a los años 50, aparece con fuerza el concepto de biodiversidad y áreas protegidas, que es manejado por ecólogos a falta de taxónomos. Se hace una declaración no escrita pero aceptada, que la biodiversidad y los fondos asignados a ella, vayan a proyectos de biología molecular, genética y ecología. Aunque las autoridades hubiesen deseado incluir a taxónomos, no los habrían encontrado en cantidades suficientes, pues formar un taxónomo toma unos 15 años. Este es un problema mundial. Se estima que menos del 4% de los naturalistas del mundo trabaja en taxonomía.

 

Algunos datos de interés para  dimensionar el problema

 

El universo que enfrenta la taxonomía. En cifras actuales tenemos las siguientes especies conocidas (*Fuente: Global Biodiversity Asessment Program. Programa Ambiental de las Naciones Unidas 2001; ** Inédito).

 

Animales en el mundo

1.700.000*

Plantas vasculares en el mundo

270.000*

Aves en el mundo

9.702*

Mamíferos en el mundo

19.296*

Moscas (dípteros) en el mundo

125.000*

 

Aves en Chile

462**

Mamíferos en Chile

166**

Moscas (Dípteros) en Chile

3.150**

Anfibios en Chile

53**

Reptiles en Chile

130**

 

El mundo viviente esta compuesto por (promedio varias fuentes):

 

Vegetales: 23%

Animales no insectos: 22%

Insectos: 55%

 

¿Cuántas especies se conocen?

 

Cálculos conservadores estiman en 1,7 a 2,0 millones de especies biológicas: animales + vegetales + otras, descritas a la fecha (All Species International, 2001).

 

Cuántas especies realmente hay en el mundo? Estimaciones de algunos autores

 

Wilson 1992; Stark 1993  estiman

15 millones

Erwin 1982 estima

30 millones

Nuevas estimaciones 2001

200 millones

 

Si se consideran las especies que viven como huéspedes, simbiontes y patógenos específicos (10 especies por cada especie, al menos), estas cifras no pueden sorprendernos. D. Gonzalez et al, 2004, comunican 13 especies de ecto y endoparásitos para la tórtola (Zenaida auriculata (Des Murs)) en la provincia de Ñuble, Chile. Falta explorar además en el interior de los organismos, mar profundo, necton, plancton, interior de la tierra, cavernas, aguas subterráneas, suelo compacto (hay ácaros que viven a 3 m de profundidad en suelo compacto).

 

Otras consideraciones:

 

1.- El 80% de todos los animales conocidos son insectos y entre ellos, los dípteros y los coleópteros son los más abundantes. Los últimos cálculos indican que sólo del 7% al 8% de las especies de insectos del mundo son conocidas actualmente por la ciencia, pues la cifra final sería de más de 8 millones de especies.

 

El Global Biodiversity Assessment Program, Naciones Unidas 2001, ha entregado esta tabla tentativa del número de especies que se conocerán el año 3000.

 

 

Actual 2001

Estimado 3000

Variación aprox.

Virus

4.000

400.000

X 100

Bacterias

4.000

1 millón +

X 250

Hongos

72.000

5 millones

X 208

Protozoarios

40.000

200.000

X 5

Algas

40.000

400.000

X l0

Plantas

27.000

320.000

X 12

Nematodos

25.000

400.000

X 16

Crustáceos

40.000

150.000

X 4

Arácnidos

75.000

750.000

X l0

Insectos

850.000

8 millones +

X 8

Moluscos

70.000

200.000

X 3

Vertebrados y afines

45.000

50.000

X1

Otros

115.000

250.000

X 2

 

En la actualidad, hay grupos más estudiados que otros. Se debe principalmente a que son más fáciles de guardar, como los insectos, plantas, moluscos.  Ello ha permitido el trabajo de numerosos naturalistas amateurs, cuyo aporte ha sido indispensable en los primeros tiempos.

 

La ciencia en general y la diversidad biológica, la ecología y la farmacología, en particular, dependen de los estudios taxonómicos. En un importante artículo, un investigador en farmacología, se quejaba de la falta de taxónomos para identificar hongos. El tenía un hongo de África del cual se obtenía una interesante droga y no había logrado en todo el mundo un taxónomo que lo identificara. Alegaba que para esa familia de hongos, había sólo un taxónomo en el mundo, de avanzada edad y con todo su tiempo comprometido.

 

Para Chile valgan dos casos paradigmáticos que el autor conoció personalmente. Cuando se inició el boom exportador en los años 80, las relaciones entre exportadores y clientes extranjeros eran fáciles y con mucha buena voluntad y confianza. Un exportador de Talcahuano envió medallones de congrio a Alemania según pedido. Cuando la mercadería llegó, los alemanes reclamaron pues lo recibido no era congrio, era otra cosa. Los chilenos alegaron que sí era congrio. El problema radicaba en que los alemanes (los europeos) entienden por congrio a las especies del género Conger y en Chile llamamos así a nuestros "congrio negro y congrio colorado" (Genipterus chilensis (Guichenot) y Genipterus maculatus (Tschudi). En futuros contratos se especificó el nombre científico de la mercadería. En otro caso, en Concepción, Chile, desde donde se exportaban muchas toneladas de un camarón marino. Cuando fue necesario precisar la especie en los contratos, se encontró que la especie aún no había sido descrita para la ciencia: no tenía nombre. E1 Profesor Marco A. Retamal, experto en crustáceos del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción, la describió en un número de la revista Gayana en 1975 como nueva  para la ciencia.  Actualmente en los contratos se especifica: Callichirus garthi (Retamal, 1975).

 

Existe la impresión que las autoridades científicas de Chile, no están suficientemente interiorizadas sobre este problema.  Tal vez ellos mismos, en su tiempo, fueron deslumbrados por las nuevas técnicas y áreas de la ciencia global, las revistas ISI y el prestigio fácil y rápido, que les hizo ver la taxonomía como una ciencia del pasado, cosa de viejos y de museos. E1 drama se hizo evidente cuando estando en el poder, dejaron de aprobar proyectos taxonómicos.  Más aún, la palabra taxonomía (y la sistemática, posiblemente también) empezó a ser considerada una palabra sucia, que usada en un título, impedía la aprobación de los proyectos. Muchos la ocultamos bajo los conceptos de filogenia, diversidad, biología, ecología, etc., única forma de lograr financiamiento para un proyecto que incluía abundante taxonomía en su intención.

 

Debemos enfrentar la realidad. Nadie va a estudiar nuestra flora y fauna que no seamos nosotros mismos. Los expertos extranjeros, conocedores de las espeluznantes cifras mencionadas anteriormente, se están dedicando a estudiar sus propias faunas y floras. Cada uno con su problemática, nos dirán. En la mayoría de los países desarrollados, el flujo de producción de taxónomos no se ha interrumpido, más aún han visto incrementado sus cuadros. La taxonomía se ha desarrollado, como una herramienta para la genética, la filogenia, la biología celular, la ecología, la estadística entre otras. Siempre han existido puestos para taxónomos en los museos, las universidades y los estados. Y han dispuesto de fondos permanentes, provenientes de instituciones de apoyo a la ciencia.

 

En Chile la situación es especialmente grave. Hay museos con museólogos pero no con taxónomos. Algunas universidades dejaron de contratarlos y sus cursos dejaron de darse. Hoy más del 70 % (puede ser más) de las universidades no tienen ningún taxónomo y sus alumnos terminan sus carreras en el área biológica sin haber sido expuestos a la problemática, ni han conocido su utilidad ni las consecuencias de su falta. En Chile costará más que en otros países la puesta al día, más aún si consideramos que formar un taxónomo toma cerca de 15 años, el tiempo necesario para reunir material, literatura y experiencia. Es naif pensar que alguien puede proponerse estudiar un grupo de animales o plantas empezando por la reunión de la literatura al mismo tiempo que inicia la recolecta de especimenes.

 

Los museos tienen la misión de reunir material y conservarlo adecuadamente aunque no haya nadie interesado en estudiarlo. Acostumbramos a decir que los museos trabajan diariamente para investigadores que aún no han nacido. Las colecciones, con frecuencia son miradas en menos, como cosa de viejos, por los no entendidos. Estas son de vital importancia, pues han conservado, en los especimenes mismos, información que alguna vez será de utilidad al proporcionar datos sobre el medio (lugar de colecta), de la época (fecha de colecta), del hospedero (los parásitos y simbiontes). Las formas del cuerpo y las células del espécimen entregaran datos morfométricos, ADN, diversidad (al ser comparado con el resto de la muestra), variaciones fenotípicas con respecto a las poblaciones actuales. Es ajustada la definición de un ejemplar de museo incluido en el acta de principios del Museo de Colecciones Zoológicas de la Universidad de Concepción: "Un espécimen de museo es un testimonio real, objetivo, del estado evolutivo en que se encuentra su especie en un lugar y tiempo determinado".

 

Las técnicas taxonómicas, conocidas por ser muy conservadoras, han tenido sin embargo, modificaciones que las actualizan. Sin duda el punto más discutible en la creación de nuevas especies, es la publicación de la proposición (cuando se publica una especie u otro grupo, es sólo una proposición). Se supone que con el uso, la comunidad científica la acepta o rechaza. Se ha tratado de normar el tipo de impreso en el cual se publique válidamente, pero siempre aparecen excepciones. La ley de prioridad no hace excepciones. Tan válido es publicar en un periódico (será de mal gusto, pero es valido) como en la más prestigiosa revista ISI. Últimamente ha aparecido un nuevo medio: los productos de la computación. Esto ha llevado a hacer válida como publicación una descripción presentada en CD depositada en varios museos (en la ultima edición del Código se norma este método). Pero esto parece que solo ha abierto la puerta. Ahora cabe la pregunta si el Internet es un medio válido, si los sitios de los autores en la red son válidos.

 

Las personas adictas a la computación, no ponen límites a las capacidades de esta ciencia (y con razón). Últimamente han hecho proposiciones para estudios mundiales de la flora y fauna. Proponen métodos rápidos de creación de especies. Métodos eficaces, de gran capacidad para describir, para almacenar toda la información y hacerla asequible a todos los interesados. Esta proposición aparentemente moderna y posible, requiere de la aceptación de una tutela sobre el sistema, ejercida por alguien o por alguna institución, de reglamentos, de leyes, de personas autorizadas para pronunciarse sobre lo que es válido o inválido. Con seguridad, para obtener mayor estabilidad, prohibirían los cambios, con lo cual la ley de prioridad necesitaría ser anulada: lo que entró a la base de datos ya está y es inmutable. Cabe preguntarse si es conveniente o no institucionalizar la taxonomía.  ¿Lo ha adoptado ya la industria farmacéutica, la medicina, la astronomía? ¿Puede esta institución poner límites a los parámetros usados? Exigir algunos, como el ADN, y prohibir otros por parecer subjetivos? ¿Con estas regulaciones y métodos es posible pensar en estudiar toda la fauna y flora existente? Según el Global Diversity Assessment Program ya mencionado, faltarían por describir unos 15 millones de organismos. Es posible que el método propuesto cree más problemas que soluciones. Entonces se hace válida la pregunta de si acaso esta tarea la podremos efectuar con los mecanismos y métodos tradicionales. Cuántos taxónomos se necesitarían. Hace unos 20 años, cuando apareció la Taxonomía Numérica, algunos creyeron que se trataba de poner un número inteligente a cada especie del cual se deduciría además el género y la familia, pero no se trataba de eso la taxonomía numérica. Pero quedó la idea. Los adictos a la computación amarían esta idea, pero nunca ha sido propuesta. Si se envía una sonda-laboratorio a un planeta, es posible que haga un análisis detallado de los gases, e incluso de los minerales; una máquina puede hacer hoy día completos análisis de una muestra de sangre en muy poco tiempo. Pero, se puede visualizar algo semejante para reconocer los organismos de una determinada área? Hasta el momento no podemos visualizar otro método que no sea una persona con literatura, tiempo y medios, dedicada a describir tranquilamente especies de un grupo que le es familiar y publicar su proposición a la comunidad científica. Hay muchas actividades que no pueden despegarse aun de los dedos del hombre. Tal vez sea este uno de los Límites de la ciencia. Hay un importante debate por venir.

 

Chile debe entender que los estudios taxonómicos estimulan el desarrollo de otras ciencias. Nada más adecuado que un estudio ecológico efectuado por el especialista de un grupo, donde toda la muestra quedará identificada y no se verá obligado a usar números, ni sólo nombres genéricos o familiares. Se deben financiar estudios taxonómicos a la par que estudios de diversidad biológica, ecología, biología celular y molecular y, genética. E1 país debe crear cargos para estos especialistas, los que deben disponer de equipo adecuado, laboratorios, salas de crianza e invernaderos, buenas colecciones de referencia, literatura, facilidades para hacer expediciones de colecta y disponer de personal auxiliar. Deben estar rodeados además de alumnos-tesistas, los herederos naturales de la obra construida en vida por su profesor.

 

E1 autor de este texto esta conciente de la dificultad que presenta mostrar a alumnos inquietos, modernistas, liberales, influidos por los avances de la ciencia actual y ávidos espectadores de los adelantos científicos en astronomía, mecánica, química, biología molecular, arquitectura, una línea de desarrollo personal que consistiría en hacer la tarea que sus generaciones anteriores eludieron. Explicarles que ni la gloria ni los premios internacionales ni nacionales emergen de la taxonomía. Que serán comprendidos sólo por sus pares, cuando no también refutado por ellos. Qué les podemos explicar: ¿que no hay ninguna diferencia intelectual entre descubrir una especie de nematodo y una estrella? Podemos talvez entusiasmarlos al mencionarles que muchas otras ciencias dependen de su labor. Que la economía y el comercio en el futuro necesitarán de sus rígidos conceptos de especie y nombre. Acaso, ¿ no son taxónomos los que manejan el complejo mundo microbiano, y denominan la especies, las cepas y sus variantes tanto en el campo de la salud como en el industrial?  En este último, cada vez más tareas están siendo encomendadas a las bacterias, como las que separan el cobre y otros metales de las aguas del mar. En el aspecto personal les podemos asegurar que este quehacer tiene mucho de filosofía pues cada vez que se estudia un grupo, no se puede dejar de ver el proceso evolutivo, el impacto del medio, el producto de la labor de millones de años, lo mágico de la mecánica expresada en las estructuras de los animales y plantas, y su funcionamiento, el misterio de las formas que han prevalecido. Yo no se si un médico o un abogado, sienten afectado su colon cuando trabajan. Si se que esto le sucede a los pintores y a los escritores frente a una hoja en blanco, y a los entomólogos frente a una muestra de insectos.

 

Es posible que los taxónomos sean productos genéticos. Que hacer taxonomía sea como hacer música, literatura o pintura. Necesita del gen adecuado. De otra forma no se explica tantos taxónomos amateurs que viven con severas penurias económicas pero se mantienen fieles a su vocación. Los americanos los llaman Nature Boys, andan cerca de los museos, tienen colecciones, intercambian especimenes y sueñan con encontrar la especie que nadie ha encontrado. Me pregunto si se pueden formar taxónomos con el mismo éxito que se forman mecánicos, enfermeros, oculistas, banqueros, industriales. No se si esto es posible, pero si se que es posible y necesario apoyar a los que ya tienen la vocación por la taxonomía y están dispuestos a permanecer en ella.

 

La voz de Carolus Linnaeus aún retumba fuerte, poderosa y actual:

 

Si necis nomine, perit et cognitio rerum

(Si desconoces el nombre desconoces la cosa misma).

 


 Citar este artículo como:

Artigas, J. 2008. La taxonomía una disciplina moderna y necesaria. Noticiero Mensual del Museo Nacional de Historia Natural. 360: 8-13.


Volver a la portada