Año 19. Nº1


LA ECOLOGÍA CULTURAL: UNA ESTRATEGIA PARA EL ESTUDIO EN ANTROPOLOGÍA

CULTURAL ECOLOGY: A STRATEGY FOR STUDYING ANTROPOLOGY

 

Javier A. Figueroa
Centro de Estudios Arquitectónicos, Urbanísticos y del Paisaje.
Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje. Universidad Central de Chile.
e-Mail: javier.figueroa@ucentral.cl

 

RESUMEN

Desde mediados del siglo XX se ha desarrollado una estrategia para estudios antropológicos que prioriza la relación de la cultura con el medio ambiente o el hábitat, en la búsqueda de los factores que afectan e influyen en la formación de estructuras sociales.
J. Steward fue el fundador de esta escuela que denominó ecología cultural y la postuló como una estrategia que da prioridad a los estudios de las condiciones materiales de la vida sociocultural (v.g. utilización de recursos). Esta corriente se desarrolló durante el apogeo de corrientes alternativas que eran incapaces de postular modelos hipotéticos deductivos. En este trabajo se describe la importancia que ha tenido la estrategia de la ecología cultural en planteamientos de hipótesis y modelos, por ejemplo, del origen de la agricultura, de instituciones sociales precolombinas en América, del origen de sociedades patrilineales, de la utilización que hacen del tiempo sociedades cazadoras y hortícolas, y del origen de valores y éticas de solidaridad o competencia entre grupos humanos.

Este ensayo fue provocado por la lectura que el autor realizó de una publicación de Marvin Harris, que en 1991expuso una historia crítica de las ideas de la antropología.

Palabras clave: ecología humana, ecología precolombina, domesticación, hipótesis ecológicas 

 

SUMMARY

Since the mid-twentieth century has been developed a strategy in anthropological studies, which prioritizes the relationship between culture and environment or habitat, to find the factors that affect and influence the formation of social structures. J. Steward was the founder of this school called cultural ecology and postulated like a strategy that gives priority to studies of the material conditions of sociocultural life (e.g. use of resources). This school is developed during the apogee of alternative currents were unable to apply deductive hypothetical models. In this paper, the importance that has had this strategy to build hypotheses and models is described, for example, the origin of agriculture, pre-Columbian social institutions in America, the origin of patrilineal societies, use made of time hunting and horticultural societies, and the origin of values and ethics of solidarity or competition between groups.

This essay was provoked by reading that the author carries out a publication of Marvin Harris, which exposed in 1991 a critical history of anthropology ideas.

Keywords: human ecology, pre-Columbian ecology, domestication, ecological hypothesis

 

INTRODUCCIÓN

La escuela antropológica actual más fructífera es la de la corriente de la ecología cultural. Este pensamiento sostiene el principio que a similares tecnologías aplicadas a medios ambientes similares tienden a producir una organización de trabajo similar, tanto en la producción como en la distribución, y estos a su vez, agrupamientos sociales de tipo similar, que justifican y coordinan sus actividades recurriendo a sistemas similares de valorización y creencias (Harris, 1991). Esta escuela da prioridad al estudio de las condiciones materiales (hábitat) de la vida sociocultural.

Esta perspectiva ecológica cultural fue fundada por Steward (1936), que constituiría el primer autor que plantea como la interacción entre la cultura y el medio físico se puede estudiar en términos causales sin caer en el determinismo geográfico y sin deslizarse hacia el particularismo histórico. En la publicación “The economic and social basis of primitive bands”, Steward (1936) intenta explicar una organización social, bandas cazadoras-recolectoras, considerando la relación entre la capacidad productiva de las tecnologías de bajo nivel energético y los diversos tipos de hábitats. Steward concluyó que el tamaño de la banda y su organización filial está restringido por factores ecológicos o sea de relaciones entre la productividad del hábitat y la productividad de las técnicas de caza y de recolección. 

Harris (1991) sugiere que para aplicar este método son necesarias de aplicar la estadística y las correlaciones no consideradas en la propuesta de Steward. Con la estadística se obtiene generalidad, se incorporan la incertidumbre y el azar en los métodos explicativos y se evita explicar todos los rasgos importantes en todos los ejemplos conocidos.

Independiente de la validez de las hipótesis sobre las sociedades de cazadores y colectores, la ecología actual ha rescatado los principios de la ecología cultural de Steward, que tiene por base el materialismo cultural.

La estrategia de la ecología cultural no depende de la verificación de ninguna hipótesis en particular o teoría tecno-ecológica o tecno-económica concreta; depende, más bien, de la capacidad de este enfoque para generar hipótesis explicativas que puedan someterse a prueba de la investigación etnográfica, arqueológica y ecológica (Harris, 1991).

Los trabajos actuales en antropología y arqueología no se contentan con la clasificación y la datación. Para satisfacer las exigencias de hoy hay que aportar información sobre el tamaño y la densidad de la población, incluyendo máximos y mínimos a largo y corto plazo, ciclos estacionales y climáticos y su influencia en el poblamiento, ritmo y crecimiento de la población y las técnicas de producción de alimentos, el hábitat total explotado, los cambios a corto y largo plazo de las biotas naturales, los efectos tecno-ecológicos, el tamaño relativo de los grupos productores y no productores, la incidencia de la guerra, la contribución de las enfermedades a la mortalidad, la naturaleza de la organización social definida en términos de la agrupación de casas, los poblados, las ciudades y la organización intercomunal (Harris, 1991).

 

Reseña histórica de la antropología

El desarrollo de la antropología comienza durante el período de la ilustración europea. Su nacimiento va aparejado con el crecimiento de la economía burguesa de mercado. La conquista de nuevos mercados y nuevas colonias para la extracción de recursos naturales enfrenta a la sociedad europea con una variada gama de sociedades en distintas adaptaciones socio-ecológicas.

Los filósofos sociales del siglo XVIII fueron los primeros en plantear las cuestiones centrales de la antropología moderna. Se esforzaron en formular las leyes del curso de la historia humana. Spinoza (1632) intentó aplicar el método de Descartes a la conducta humana, al igual como intentó dar una prueba geométrica de la existencia de Dios. Vico (1725) combatió la tendencia de supeditarlo todo al método de la geometría. El suyo fue el del determinismo natural donde la historia se desplegaba con asombrosa regularidad. El curso de la historia se podía repetir infinitas veces con tantos inicios como los estableciera Dios. Montesquieu (1748) anuncia el orden que ha descubierto en el campo de los acontecimientos socioculturales “Las leyes no están conducidas solo por el capricho de la fantasía (…) que la historia de las naciones son consecuencia de ellas”. El enumera los factores materiales causales y muchos de ellos guardan relación con las condiciones de clima.

El materialismo del siglo XVIII con los postulados de De la Mettrie (1748) en el Hombre Máquina, Thiry (1770) asocian al hombre con la materia en una continuidad ininterrumpida. El hombre no puede aislarse de las leyes de la naturaleza, postularon los materialistas.

Quizá el más importante artículo de antropología durante el siglo XIX fue el de Taylor, On a methods of investigating the development of institutions, applied to law of marriage and descent (1889). Taylor fue el fundador de la moderna perspectiva comparativa con base estadística. Asocia la residencia post-matrimonial con la filiación en una muestra de 400 sociedades.

Contemporáneo con Tylor, Morgan (1887) propone uno de los más influyentes, más elaborados y más completos de los esquemas evolucionistas de las sociedades humanas del siglo XIX. Concebía la historia como dividida en tres períodos: salvajismo, barbarie y civilización.

A principios del siglo XX, casi simultáneamente se desarrollaron en Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos de Norteamérica, escuelas antropológicas que de un modo u otro rechazan la pretensión científica de la antropología de descubrir los orígenes de las instituciones y explicar sus causas. Entre ellas se funda la escuela que se denominó particularismo histórico. Boas (1896) líder de esta visión en los EEUU, desprecia los procesos causales, las tendencias, los paralelos, para él existe una gran diversidad de culturas y ningún patrón común emerge de ellos.

A finales de los años 30 del siglo XX surgieron en la antropología tendencias nomotéticas, o sea generalizadoras. Una de ellas fue la planteada por White (1949), hostil crítico al particularismo histórico, al reduccionismo psicológico, a las doctrinas del libre albedrío y de la teología teleológica. White fue un continuador del evolucionismo de Morgan y trataba de descubrir las causas de las diferencias y las semejanzas culturales. Otra de las escuelas fue la de Steward (1936), quién postuló una articulación entre los procesos de producción social y el hábitat o medio físico que habita una cultura. Hoy por hoy, la antropología tanto sincrónica como anacrónica se construye sobre la base de los postulados de Steward.

 

La estrategia de la ecología cultural

Hubo otros autores anteriores a Steward que ubicaron al hábitat como un factor que influía sobre la cultura. A Wissler (1929) le impresionó que al superponer un mapa de áreas “ecológicas” de América sobre otro de las áreas culturales coincidieran los centros de ambas áreas (determinismo geográfico). Sin embargo, para Wissler la influencia del hábitat operaba como una fuerza pasiva limitante y no como un factor causal de la vida cultural.

Para Forde (1934) también el medio físico era importante pero tampoco lo planteó de manera causal. “(…) una estructura social, cuyo desarrollo está condicionado no solo por los fundamentos del hábitat y de la economía, sino por complejas interacciones (…), y por contactos externos (…)”.

Steward (1936) fue el primero que planteó que el hábitat interactúa con la cultura para determinar la vida sociocultural. Esta metodología refuerza la asociación entre ciencia social y la ciencia natural. Lo esencial de la ecología cultural es que centra su atención en la interacción entre la conducta y el entorno físico, establecida a través del organismo humano y de su organización cultural.

Los dos puntos esenciales de la ecología cultural para Harris (1991) son:

1) Las variables tecnoecológicas y tecnoeconómicas tienen prioridad en la investigación.

2) La hipótesis de que en cualquier muestra diacrónica amplia de sistemas socioculturales, la organización social y la ideología tienden a ser variables dependientes.

El método se puede resumir en:

1) Analizar la interrelación entre la tecnología de explotación o de producción y el entorno físico.

2) Analizar pautas de conducta seguidas en la explotación de un área particular por aplicación de una tecnología particular.

3) Averiguar en qué medidas esas pautas de conducta que se siguen en la explotación del entorno físico afectan a otros aspectos de la cultura (Steward 1955).

Este método ha tenido resultados fructíferos en el estudio de las causas del comportamiento y organización en sociedades de cazadores-recolectores actuales. Durham (1976) y Chagnon (1988) concluyen que el comportamiento pacífico o violento en las sociedades de cazadores-recolectores sería el producto de las relaciones de los grupos con sus recursos. Las sociedades pacíficas se habían generado en sitios con recursos no predecibles en el tiempo y el espacio. Por el contrario, en sitios con recursos abundantes se habrían generado un comportamiento defensivo-violento.

Otro comportamiento social analizado mediante esta metodología es  el de la relación y la elección de pareja. Borgerhoff (1990) postuló un modelo de poliginia para un pueblo en Kenia; para este pueblo, la elección de pareja estaría relacionada con la disponibilidad de recursos (p.e. tierras).

En algunos pueblos de la Amazonía la manera de dividir el tiempo entre la caza y la horticultura ha sido explicada por modelos de forrajeo óptimo, postulando como mecanismo la redistribución de recursos entre ambas actividades (Keegan 1986, Hawkes et al. 1987, Behrens 1986).

De un estudio sobre la aculturación en el centro de Brasil, Gross et al. (1979) concluyen,  que en aquellos pueblos donde se ejercía una presión más destructiva sobre los parámetros ambientales el proceso de aculturación era radicalmente más profundo. El autor termina sugiriendo que la mejor forma de ver la relación entre una población humana y su hábitat es estudiar el costo en tiempo en la subsistencia y otras actividades.

Smith (1988) considera que los conceptos de riesgos e incertidumbre en la obtención de recursos de caza pueden ser usados para explicar la variación en el comportamiento social de los cazadores-recolectores, lo que involucra la tenencia de la tierra, los derechos de propiedad, el intercambio de productos y aspectos íntimamente asociados a las relaciones sociales.

Independiente de las hipótesis y los modelos propuestos en cada uno de los trabajos aquí expuestos, los elementos principales rescatados en este ensayo son el método y la estrategia predictiva que subyace en estos estudios antropológicos, donde el hábitat es una variable independiente y el comportamiento social, es variable dependiente.

 

Ecología cultural en la antropología prehispánica

Entre la ecología cultural y el estudio de las civilizaciones americanas ha existido una conexión de larga data. Un momento decisivo se vivió a principio de los años 40 del siglo XX. En el valle peruano de Virú se obtuvo una secuencia continua desde una agricultura incipiente, pasando por estadios de vida en poblados, hasta estadios de regadío después de los que son absorbidos por los Incas, proceso datado en 2500 AC (Harris 1991). Todo habría sido posible con base en procesos endógenos. Con ello se probaba que era posible el desarrollo independiente de sistemas sociales y de similares interacciones con el hábitat en América y Mesopotamia. Steward (1941) planteó que las sociedades hidráulicas, donde quiera que se presenten, tienden a evolucionar atravesando una serie similar de estadios. Sanders (1965) demuestra que se puede establecer una correlación entre el paso de la agricultura de secano a la de regadío y al rápido  crecimiento de la población, la nucleación, la construcción de monumentos, la estratificación social y la guerra expansionista con sistemas de irrigación abundantes y altamente sofisticados y progresivamente controlados por un estrato social que ejerce el poder. En el valle de Teotihuacán, el agua pasa a través de los sistemas permanentes de irrigación que proceden de 80 manantiales, todos situados en una misma área muy pequeña de 20 hectáreas, ese es el recurso ecológico más importante (Sanders 1965).

 

La ecológica cultural y el origen de la agricultura

El cambio de la recolección a la agricultura sería el resultado de adaptaciones culturales internas a los ecosistemas particulares en que se desenvuelven las sociedades (Silva, 1989).

El proceso de domesticación de las especies vegetales habría comenzado en las zonas de transición entre ecosistemas llamadas ecotonos. En zonas marginales a los hábitats originales de las especies que comenzaban a domesticarse surgió la necesidad de producir alimento con el objeto de incrementar la capacidad de mantenimiento de la localidad (Harris, 1969).

Bindford (1968) enumera las condiciones que deberían presentar las poblaciones de recursos y de los recolectores para generar una innovación tecnológica. Primero, una reducción en la masa biótica local, y por ende, una disminución de la cantidad de alimento disponible o un cambio en la estructura demográfica de la región, provocada por la irrupción de un grupo en el territorio de otro, rompería un estadio estacionario establecido entre los recolectores y su medio. Bajo estas condiciones, el cambio tecnológico de la recolección a la agricultura habría sido altamente favorecido. Cohen (1977) es aún más taxativo “sugiero que el desarrollo de la agricultura fue un ajuste que las poblaciones humanas se vieron obligadas a hacer en respuesta a su propio crecimiento”.

Redding (1988) ha promovido otro modelo donde postula que el proceso no es unicausal y describe cuatro etapas:

1) Una banda delimita su territorio utilizando algunos pequeños sectores. Un aumento de producción debería provocar un incremento demográfico hasta su capacidad de carga en el ambiente. El ajuste se produciría por la emigración de subgrupos.

2) Cuando la emigración no es factible por la ocupación total del territorio se inicia una etapa de diversificación de la explotación de los recursos o se adoptan medidas para reducir la tasa de reproducción humana.

3) Si la banda llega nuevamente hasta su capacidad de carga en el hábitat, se adoptan técnicas de almacenamiento, incrementándose la recolección y se explotan todos los recursos disponibles estacionalmente.

4) Si las poblaciones se vuelven a enfrentar a una presión demográfica tomarán la opción que mejor se ajuste a las características del ambiente. Si las condiciones ambientales son impredecibles se tenderá a producir alimento como complemento de los recursos silvestres.

El origen de la domesticación y la agricultura en América, según antecedentes arqueológicos se localiza en valles semiárido con apreciable diferenciación microambiental (Tamaulipas, Tehuacán y Ayacucho). En Ayacucho existen varios microambientes que habrían permitido la aparición de la agricultura Estas áreas se han denominado prístinas (Silva 1989), que se caracterizan por ser regiones de marcada variación estacional, zonas con numerosos microambientes (muchos recursos durante el año) y poseen fuentes permanentes de agua utilizable con propósitos agrícolas.

La aparición de la agricultura en la región de Ancón-Chillón (en la Costa central del Perú) está fechada, entre 2500 a 3500 AC y ambientalmente se caracterizada por:

1) Un valle fluvial, que proporciona vegetales, mamíferos terrestres, aves y vertebrados pequeños.

2)  Un área de desierto con tierras aptas para cultivo (maíz, ají, tomate) y vegetación xerofítica apta para hacer fuego.

3)  La presencia de las “lomas”, cimas de cerros con abundante humedad matinal, que atraen a recursos de caza durante la floración.

4) Un sector marino con playas proveedoras de aves, mamíferos marinos, peces y algas.

 5) Presencia de  sitios costeros rocosos con aves, mamíferos, invertebrados marinos y algas.

La domesticación de plantas y la agricultura debieron su aparición no solo a factores demográficos, sino a las condiciones de la vida material y del medio ambiente natural que habitaban los grupos humanos.

 

Ecología cultural en sociedades precolombinas australes

Los indígenas de Chiloé vivieron repartidos en el archipiélago y principalmente en la costa norte y oriental de la isla Grande, generalmente frente a los recursos marinos. El archipiélago presentaba una denso bosque húmedo que cubría la mayor parte del territorio (Darwin 1942). La actividad agrícola se hacía en extremo difícil por lo complicado del despeje de áreas del bosque en un clima extremadamente lluvioso y frío. La isla estuvo habitada por dos pueblos, los chonos, eminentemente marinos con trashumancia anual y los huilliches, dedicados al mar pero con economía eminentemente agraria. Tuvieron una organización filial patriarcal y monógama (Montandón, 1969).

El pueblo huilliche se caracterizó por un fuerte lazo de unión familiar. La sociedad huilliche favoreció la implantación de costumbres colectivas en las faenas agrícolas. Esta práctica de producción, de acuerdo con la ecología cultural debería ser explicada principalmente por las relaciones de la cultura con el ambiente.

En resumen, los huilliches estructuraron un modo de producción doméstica (según Marshall en Marino, 1985), donde la unidad familiar era la base de la producción agrícola y de la producción pesquera.

Esta unidad de producción se relaciona con la naturaleza a través de la producción agrícola, pesquera y de recolección. Esta producción agrícola se desenvuelve dentro de un ciclo estacional de producción, en la que se distinguen dos fases: 1) la fase productiva que trascurre entre agosto y abril e incluye la siembra, la mantención, la cosecha y el almacenamiento; b) la fase no productiva que incluye la desforestación, el roce, la quema, el destronque y la rotura de terreno que se llevan a cabo en verano e invierno. Durante el verano habría existido un alto grado de demanda de trabajo humano dentro de la unidad familiar. La necesaria cooperación en la fase productiva y no productiva, bajo condiciones estresantes para la agricultura, entre las unidades familiares en procesos de deforestación, quema, roce, destronque, limpia, siembra y cosecha del producto agrícola principal, la papa, habría sido la base ecológica cultural del alto grado de colectivismo que se presentó en la sociedad huilliche y que tuvo su impacto incluso hasta la cultura del pueblo mestizo (Montandón, 1969). Para llevar a cabo todas las actividades en la fase productiva, la unidad familiar era insuficiente. Incluso, la productividad de las tecnoecologías y tecnoeconomías aplicadas por la unidad familiar eran bajas y no permitían un significativo incremento demográfico.

 

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Citar este artículo como: Figueroa, J. 2016. Ecología cultural: una estrategia para el estudio en antropología. Chloris Chilensis Año 19. N° 1. URL: http:/wwwchlorischile.cl


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