Año 10. Nº 1


EL AGAVE (AGAVE AMERICANA L.) EN LAS CULTURAS PREHISPANICAS: UNA REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

The agave (Agave americana L.) in prehispanical cultures: a bibliographical revision

 

ORIANA PARDO
Vía Vito Bering 16/2. 00154 Roma, Italia
orianapardo@hotmail.com

RESUMEN

El artículo busca recordar el vínculo que las antiguas culturas americanas establecieron con Agave americana L., a través de una recopilación bibliográfica de los escritos de los cronistas españoles. Se hace una enumeración de los nombres vernáculos y del área de dispersión, y se describen los numerosos empleos que las poblaciones originarias hacían de la especie, los que permitían su utilización integral, por lo que era ampliamente cultivada en los llamados magüeyales, que podían contar hasta con veinte o treinta mil ejemplares. Se empleaba para obtener materias primas, alimentos y bebidas alcohólicas; se usaba como medicina y en ceremonias rituales.

Palabras clave: Agave americana, Agavaceae, maguey, culturas pre-hispánicas.


ABSTRACT

The article attempt to remember the linkage between the American ancient cultures and Agave americana L., through a bibliographic

review of earliest Spanish chroniclers. Vernacular names and spreading area is described, as well as the very large range of uses that

native population did of this specie, yielding the whole employment of the plant, that was cropped in very large field reaching until

twenty or thirty thousand feet, called magueyales. It was employed to obtain rage materials, alcoholic beverages or foods, and it had

medicinal and ritual uses

Key words: Agave americana, Agavaceae, pre-hispanical cultures

 

 INTRODUCCION

 Los primeros conquistadores que llegaron a América fueron sorprendidos por la naturaleza humana y vegetal de las nuevas tierras. Todo era desconocido y extraordinario a sus ojos (Nota 1). Entre las especies vegetales que más llamaron la atención se encuentra el agave, que algunos cronistas visualizaron como “hierba”, otros como “árbol tan pequeño y con algunas espinas...”. También fue asociada a una “grande závila” (Aloe vera L.), la que podía proveer de bebida, comida, medicina y fibras para vestir, cazar y pescar, además de otros usos. Las propiedades y empleos que el ingenio de la población había desarrollado, permitían su explotación integral como fuente abastecedora de materia prima, siendo registrada con admiración por los cronistas en sus escritos. Hernández [1517-1587] (Nota 2) asevera que esta “planta sola podría fácilmente proporcionar todo lo necesario para una vida frugal y sencilla” asegurando que “no la dañan los temporales ni los rigores del clima, ni la marchita la sequía”, juicio que pone en evidencia su gran capacidad de adaptación.

A la llegada de los españoles era cultivada en enormes extensiones (Figura 1), llamada magueyales, constituyendo para algunos grupos humanos la principal fuente de alimento. Según Las Casas [1474-1566] “estos árboles tienen heredades de 20 y 30.000 juntos como cosa tan provechosa en la república”. Gutiérrez de Santa Clara [1521 -1603] señala que los indios othomíes “cultivan estas plantas como lo hacen en sus sementeras y labranzas”. Y Benavente [1480-1490?-1569] anota “estas eran las viñas de los indios”.

Lo que Gentry (1998) llama la “simbiosis del agave con el hombre”, comenzó en Mesoamérica con el inicio de la agricultura, hace unos 90000- 10000 años. Su centro de origen y de diversidad se ubica en una amplia zona geográfica que va desde el sudoeste de EEUU por el norte hasta Nicaragua por el sur, incluyendo las islas del Caribe, aunque algunos autores amplían el área hasta el norte de Sudamérica. Según Caulin [1779], “en toda la costa del mar del norte, que corre desde Cumaná hasta la provincia de Caracas, [Venezuela] y en muchas otras partes de ambas provincia, se cría silvestre la celebrada mata de maguey”. Fernández de Oviedo [1535], refiriéndose a los Chacopati, poblaciones del oriente de Venezuela por la costa, cerca de Araya, escribe “que los españoles llamaban Magueyes, por abundar mucho en su tierra el agave”. También Middendorf (1974), indica que el área de dispersión es muy grande, encontrándose desde América Central a la América del Sur y hasta los 3.400 m de altitud.

Fuera de Mesoamérica, son casi desconocidos los usos que las antiguas poblaciones desarrollaron a partir de esta planta, considerado por Acosta [1590] “... el árbol de las maravillas... del que suelen escribir milagros”. Hoy es reconocida prácticamente sólo como ornamento de jardines o como cerco vivo de predios. En este trabajo se pretende sucintamente recordar, el estrecho vínculo que mantuvieron con ella las antiguas culturas americanas.  

1. NOMBRES

 Los nombres vernaculares y comunes son numerosos, a veces, aplicados indistintamente a especies diferentes, la diversidad de términos confunde y dificulta la interpretación de los escritos.

Los aztecas llamaban a la planta metl, que en náhuatl es sinónimo de magnífico (Nota 3). Emplean esta misma voz Hernández (1959),  Benavente (1964), Gutiérrez de Santa Clara (1964), Las Casas (1967), López de Gómara (1946) y Clavijero (1968).

Maguey sería el nombre dado por los tainos al agave en la isla La Española, desde donde habría sido expandido por los conquistadores, siendo la denominación vernácula más empleada para designar a las especies del género Agave. La aplican entre otros Sahagún (1956), Acosta (1954), Fernández de Oviedo (1959), Garcilaso de la Vega (1960) y Simón (1986), para quien maguey es “aquella vara que echa la mata de que sacan el cáñamo para las sogas”, extendiendo al parecer el uso de la palabra al tallo. Cobo (1964) atribuye el nombre genérico de maguey “a cierta especie dél, que es el más común y de que se hace el cáñamo de la tierra”. Clavijero menciona “maguey o pita que los mejicanos llaman metl (
Figura 2)
, y Alvar (1970), registra henequén, voz que en muchos sitios de Méjico corresponde a maguey. Torquemada (1964) refiriéndose a Tlaxcallan y Cholula (México), escribe “la gente pobre vestía de henequén, que es la tela basta que se hace de maguey” (Nota 4).

También se ha usado el término cabuya, palabra que según Hildebrandt (1992) habría sido tomada del taino de La Española. Para Simón, cabuya “es lo mismo que soga” y Boman (1908) habla de cabuya “de tierra firme”, que tenía las hojas “como las del cardón” . Cobo (1964): “llámase esta planta en la lengua de la isla Española, cubuya y los españoles les dan en todas partes el nombre de magüey, que debieron de los indios de Tierra Firme o de otra provincia desta América, que en las dos lenguas generales del Perú se dice, chuchau, en la quichua; en la aymará tauca, y en la mexicana, metl”. Como chuchau, lo señala también Garcilaso de la Vega, y como chahuar, se conoce hasta hoy en Ecuador (Pardo, 2005).

Fernández de Oviedo hace las diferencias: “La cabuya es a manera de hierba que quiere parescer en las hojas a los cardos... pero más anchas”, agregando más abajo “El henequén es otra hierba que también es casi como cardo; más las hojas son más angostas y más luengas que las de la cabuya mucho”. Sobre el maguey precisa que “... es otra hierba en algo semejante a la cabuya... tiene mucha semejanza con la yuca [Yucca], así en algunos efectos e provechosos, como en la vista”.

Con la denominación de fique, es conocido en Colombia y Venezuela y como caroatá-acu, carahuata en Brasil y Paraguay. Boman indica caraguatá como voz guaraní.

También ha sido llamado maguey de la Nueva España, para diferenciarlo de otros géneros de la misma familia como Furcraea, o de otras familias como es el caso de Puya chilensis, Bromeliaceae, citado por González de Nájera (1971) y Rosales (1981) que precisa ... por ser el maguey de Chile diferente del mexicano” (Nota 5). Humboldt (1956) aplica la palabra maguéi, a la Yucca acaulis.  

2. ASPECTOS BOTANICOS 

El género Agave, fue fundado por Linneo en 1753 (Sp. Pl. 1753:461). El nombre proviene del griego agavos: maravilloso (por asociación al nombre nahuatl). Es el género más grande de la familia, con un número cercano a las 300 especies no todas bien definidas desde el punto de vista botánico (Nota 6). Es una Monocotiledónea perteneciente a la familia de las Agavaceae, nombre propuesto por Hutchinson en 1934, aunque hasta hoy no existe acuerdo en cuanto a las especies que integran el género, como tampoco sobre los géneros que deben integrar la familia Agavaceae (Nota  7).

Señalada por Gentry como la especie tipo para el grupo (americanae) y para todo el género, su historia taxonómica ha presentado dudas, en parte por su gran variabilidad (Nota 8), lo que fue notada por Hernández, “hay muchas variedades de esta planta”, y también por la dificultad de conocer la planta completa en natura, debido a su única y tardía floración, que se produce al cabo de varios años. Gentry ubica el centro de origen y de diversidad en México y Mesoamérica, desde donde se habría dispersado al resto del continente, seguramente en época precolombina, mediante los desplazamientos e intercambios comerciales de la población, a lo que habrían contribuido posteriormente los españoles.

Es una planta herbácea, perenne, acaule, de grandes dimensiones, con las hojas lanceoladas, dispuestas en rosetas de “hasta cuarenta hojas, cuya hechura parece de teja” (López de Gómara), de color verde o gris pálido, gruesas, acanaladas, largas, dentado-espinosas, que terminan en “una punta aguda y recia” (Acosta). Del centro de la planta sale un eje floral, llamado quiote (Nota 9) que presenta brácteas perfoliadas, que terminan en punta, de rapidísimo crecimiento se eleva desde cuatro y hasta más de diez metros. Se presenta una sola vez, luego de lo cual la planta muere.

 3. GENERALIDADES DE SU EMPLEO

 Gutiérrez de Santa Clara, le atribuye gran valor: “Porque si en ello se mira bien, hallaremos que todo lo que la naturaleza pudo dar para vivir y aprovechar al género humano, lo puso en esta planta así para vestir y calzar, comer y beber, como para la salud de los hombres y para los que más quisieren y por bien tuvieren”. La aseveración de Las Casas es aún más amplia “Las utilidades y ayudas que para su mantenimiento y vestido y servicio y descanso y salud con su industria aquellas gentes sacan destos árboles, son muchas y admirables.... Dello hacen pan, hacen vino, hacen vinagre, hacen miel, hacen arrope, hacen azúcar, y ésta es muy medicinal, hacen conserva, hacen papel, hacen lienzo de que se visten, hacen cáñamo, hacen mantas, hacen calzado como alpargatas y harto más primo hacen esteras, hacen jáquimas y cabestros y cinchas, hacen hilo para coser, hacen agujas, hacen clavos, hacen leña para quemar, hacen ceniza muy fuerte y buena para hacer lejía, hacen madera para sus casas, hacen coberturas para ellas, que son las pencas que dije ser como tejas y creo que no son más”.

Dada las difíciles condiciones ambientales de los pueblos del noroeste de México (Sinaloa y Sonora), el agave, escribe Pérez de Ribas (en d’Olwer, 1963), “es una gran bendición porque les sirve para hacer vino de ella, miel y vinagre... sus pencas para sacar hilo... pero principalmente de comida”.

El tallo seco fue usado como combustible, lo cita Hernández: “la planta toda entera sirve de leña”, y Benavente “en las mas partes es ésta la leña de los pobres, hacen muy buen fuego”.

El escapo floral seco no se apolilla y es muy resistente, usado como viga en la construcción de casas. En México asegura Benavente: “Y donde hay falta de madera sirve para hacer casas”. Y en la región andina escribe Cobo: “sírvense de los magueyes de vigas para cubrir sus casas, sin tener que adelgazarlos... pues no tiene que hacer más que cortarle el cogollo y tronco y ponerla en el edificio...”. En la actualidad anota Villar (1935), el eje floral seco constituye el material de construcción más usado en la fabricación de chozas, y en México asegura Benavente: “Y donde hay falta de madera sirve para hacer casas”. El eje floral fresco se actualmente en la región del Cuzco, Perú, como forraje (Venero, 2006)

De las hojas se sacaban fibras que hoy asociamos a las sogas, alpargatas, con ellas también se levantaron puentes (donde no se podía construir de madera). Se sorprende Zárate (1947) que anota “echando maromas gruesas de una yerba que llaman maguey, que es más recio que cáñamo, de un cabo al otro del río, entretejiéndolas con unos tamujos que es cosa de admiración...”.

Sahagún explica como la hoja de maguey lisa, reluciente y pulida, servía de base a los amantecas: pintores de pluma, en aquel estimado y artístico trabajo (Figura 3).

Es también, casi ignorado que los aztecas obtenían del maguey “papel” para elaborar sus manuscritos pictográficos (los Códigos). Según Ferrero (1977), utilizaban pinceles de las mismas fibras para pintar los diseños o aplicar pigmentos, en la manufactura de cerámica y otros. Este doble empleo de las fibras del agave, como material donde escribir y como instrumento para hacerlo, queda de relieve en la cita de López de Gómara: “...unas ciertas figuras que sirven por letras... y conservan la memoria y antigüedades... píntanlas en paredes, en papel que hacen de algodón y hojas de metl. Los libros son grandes, cogidos como pieza de paño, y escritos por ambas haces; haylos también arrollados como piezas de jerga” (Nota 10).

Muchos de los artículos elaborados con las fibras de maguey eran parte del tributo que los pueblos rendían a sus señores. Gerbi (1946) señala las mantas en fibra de maguey tributadas por los chichimecas. La dimensión de este tributo la pone en evidencia Fagan (1989) refiriéndose al Código Mendoza, según el cual cada ocho días llegaban mantas a Tenochtitlán y del total, 5200 eran de fibra de maguey.

Los productos obtenidos del maguey también se vendían en los mercados, como lo registra Díaz del Castillo (1955): “... quedamos adurados de la multitud de gente y mercadería que en ella había... Así estaban en esta gran plaza, y los que vendían mantas de henequén, y sogas y cotaras, que son zapatos que calzan y raíces muy dulces cocidas y otras rebusterias que sacan del mismo árbol que todo estaba en una parte de la plaza en su lugar señalado”. Cortés (1946) señala la venta de miel de agave.

La espina terminal de la hoja prestaba grandes servicios (Figura 4), como escribe Acosta: “...la punta aguda y recia que sirve para prender o asir como alfileres, o para coser, y ésta es el aguja: sacan de la hoja cierta hebra o hilo”. Según Hernández hacen “alfileres, agujas, abrojos de guerra, y rastrillos para peinar la trama de las telas” y Benavente: “sirven algunas veces de clavos... aunque su propio oficio es servir de tachuelas cortándolas pequeñas”.

Estaba además fuertemente asociado a los ritos y a la educación. Las espinas apicales se empleaban en los sacrificios. Clavijero: “punzábanse con agudas espinas de maguey y se horadaban algunas partes del cuerpo”. Torquemada, refiriéndose a las provincias de la sierra, escribe “los jóvenes tenían la obligación [a manera de tributo] de ir al monte por acxóyatl [abeto] y púas [de agave] que eran con que se punzaban sus carnes y sacaban sangre en presencia de ídolos”. Según López de Gómara (1946) se sacrifican con estas espinas “...y porque sin hacer gran agujero, entran cuando es menester”. También se usaban las hojas, como lo indica Clavijero, para las fiestas de fin de siglo: “a las mujeres preñadas les cubrían la cara con hojas de maguey y las encerraban... porque temían que fuesen convertidas en fieras...  

4. EL AGAVE COMO ALIMENTO.

 El valor alimentario de la especie es enorme y está muy bien documentado por los cronistas. La principal fuente de alimento es el meristema suave y almidonoso, la parte basal de las hojas, el eje y los botones florales. Las Casas y López de Gómara, señalan que con las “yemas, cogollos y las hojas tiernas hacen conserva”.

El mayor aporte alimentario es la savia o aguamiel. Cuando la planta alcanza la madurez (cinco a siete años) y las condiciones edáficas y ambientales lo facilitan, se anuncia la presencia del escapo floral. La población nativa, atenta a los cambios lo reconoce, corta el ápice (meristema) y con una barreta hace una cavidad donde se acumula la savia, que diariamente recolecta. Tanto la cantidad obtenida como el período de producción son variables según los autores, lo cual está posiblemente influenciado por las condiciones ambientales (Nota 11).  La producción está citada por los cronistas. Escribe Hernández: “y del cual producen a veces una sola planta cincuenta ánforas”. López de Gómara: “.... el cual se da en mucha cantidad; porque por algún tiempo cada día sacan algunas azumbres de ello” (12).

La savia o aguamiel es un líquido de sabor agradable, que se toma como bebida. Lo registra Acosta y Cobo, es “un licor que se bebe como agua, y es fresco y dulce”. Por estas características es particularmente indispensable en zonas de gran aridez y escasez, como escribe Gutiérrez de Santa Clara: “especialmente en las provincias de los indios llamados othomíes [donde] beben al tiempo que almuerzan o comen, cociéndola un poco porque es de mucha sustancia”. Refiriéndose a los indios Chacopati, Fernández de Oviedo indica: “E de las hojas sacan el zumo, por sudor de fuego, a manera de destilallo, e de aquello beben aquella gente, e nunca beben agua, porque agua nunca la ven ni la tienen”. Gerbi, citando al padre Moxo señala que los nativos, “para sí se contentan con el grosero jugo que se saca de la planta del maguei, o pita, y con algunas tortillas”.

A partir de la savia, se obtiene la miel, arrope o azúcar, de acuerdo al tiempo de exposición al fuego y la evaporación de agua. Se acopia una cierta cantidad de savia como lo explica Gutiérrez de Santa Clara y la “cuecen en unas ollas grandes hasta que embeben el agua y hace punto, y se espesa de tal manera que se convierte en miel negra, muy buena y dulce, como si fuera buen arrope y mucho mejor... y se hacen muchas conservas con ella, y se echan en muchos guisados y en otras cosas a falta de azúcar”. Y precisa sacan “azúcar, que llaman chancaca”. Estas operaciones también estás descritas por Acosta y López de Gómara, “y aquel licor es luego como arrope. Si lo cuecen, algo es miel; si lo purifican, es azúcar”. Las Casas “Si se le da uno o dos hervidos al fuego, es miel; haciéndolo más espeso y depurándolo, era una buena azúcar”. Las concentraciones se presumen del escrito de Sahagún: “la miel que se vende es espesa y tan espesa que parece que esta cuajada, muy dulce, sabrosa y a veces véndela que raspa la garganta, agra o rala que parece agua”. Gutiérrez de Santa Clara: “Véndese esta miel en los tianguez o mercados y en otras muchas partes, que se llena en cántaros grandes de arroba y media de peso”.

También se consumía el escapo floral con el nombre de mezca (Nota 13).  Escribe Gutiérrez de Santa Clara: “los indios asan a las brasas del fuego, y estando un poco frías chupan el sumo dellas, porque es dulce como la caña de azúcar”, y agrega: “Asimismo hacen pedazos las pencas con el tronco, y en tajadas las cuecen en barbacoas (Nota 14), cubiertas por encima de guijarros y piedras y tierra, y hacen dellas una manera de diacitrón que llaman mezcale, (Nota 13) y son muy buenas de comer, porque son dulces, y se venden en los mercados y en otras diversas partes grandísima cantidad dellas”. Pérez de Ribas (en d’Olwer, 1963): “sírveles también de sustento y regalo la planta del mezcal... cuando está de sazón la cortan con el tronco, y éste asado entre piedras, que abrazadas en fuego y echadas en una olla que hacen en tierra, y a calor manso se ablandan esos troncos con parte de sus pencas, y son para ellos como cajetas de conserva, porque así asada esta planta es muy dulce; y sola esa suelen beneficiar y plantar cerca de sus casas”.  Díaz del Castillo, refiriéndose a los alimentos que se venden en el mercado de Tlaltelolco:“ y las raíces del mismo árbol muy dulces cocidas y otras zarrabusterias que sacan del mismo árbol”. Escribiendo sobre los Chacopati, Fernández de Oviedo: ellos “despencan aquella hierba, e la cabeza o cepa della cuécenla, e hacen cierto manjar de asaz sustancia, con que se sustentan”.Cobo: “el tronco como las hojas asadas suelen comer los indios”.

El pulque es una bebida que tuvo gran significación religiosa en la cultura azteca precolombina (Figura 5) razón por la cual “y por los muchos beneficios que el maguey prodigaba, que fue deificado con el nombre de Mayáhuel (Figura 6) (Caso, 1962) (Nota 15). Es señalado por numerosos autores. Gutiérrez de Santa Clara escribe “a partir deste melicrato o agua miel, hacen los indios, o las indias, un vino que emborracha mucho, que llaman en su lenguaje pulque” (Nota 16). Acosta: “este mismo cocido se hace como vino”. Cobo: “del cual [aguamiel] dejado acedar, se hace un brebaje como vino llamado pulque, con que se embriagan los indios”. Díaz del Castillo describiendo el camino a Tlaxcala indica que había muchas casas de labranzas de maíz y maijales, “que es de lo que hacen el vino”. Benavente anota: “hácese un vino dulce, limpio” que “bebido templadamente es saludable y de mucha fuerza”. Según Clavijero: “El color de este vino es blanco y el gusto es algo áspero; tiene competente fortaleza y embriaga, pero no tanto como el vino de uva”. Sahagún explica: “El que vende miel... suele vender vino de la tierra que hace de la miel de maguey, la cual... cociéndola o hirviéndola primero, e hinche cántaros o cueros de ella para guardarla”.

Con el aguamiel o el pulque, dejándolo acedar, se logra un vinagre, citado por Acosta, López de Gómara, Valera, Benavente, “hacen de este licor vinagre bueno...” y Las Casas quien escribe: “si destemplaban [el aguamiel] como ellos lo saben hacer, no se hallará menos nuestro vinagre”. Cobo: “ dejándolo pasar de punto, [el pulque] se hace vinagre”, y Gutiérrez de Santa Clara “desta miel se hace vinagre muy fuerte y bueno para comer”. Hernández precisa: “Del azúcar condensado del mismo jugo, se prepara vinagre disolviéndolo en agua que se asolea durante nueve días”.

 

5. AGAVE Y MEDICINA

 La especie fue un buen recurso curativo que solucionaba diversos problemas de salud del hombre y aún de los animales (Figura 7). Según Alcedo (1967), en México “está mandado que se reserve en ellas [dos pulperías] para el caso que se necesitase por remedio”, pues la usan en muchos casos. Señala Humboldt: “contiene al propio tiempo una savia azucarada y jugos astringentes y cáusticos empleados en la cura de úlceras para cauterizar las carnes”.

Las hojas se usaban como cicatrizante de heridas frescas y viejas; después de soasarlas y por presión de los dedos, la savia caliente se dejaba caer sobre las heridas, lo cita Cobo y Gómara. Las Casas precisa: “una llaga o herida cuando es fresca la sana y encuera muy pronto”. Benavente la considera “muy saludable para una cuchillada o una llaga fresca”.  Sahagún indica además la decocción de la hoja tierna con el agregado de sal, especificando que en “las heridas y descalabraduras”, primero se lava con orines y luego “el zumo de la penca del maguey y cocido”. Agrega que las hojas “son buenas para fregar con ellas las espaldas para que no se sientan los azotes”. Gutiérrez de Santa Clara: “puestas las pencas al fuego a callentar, sacan dellas un sumo muy bueno, que con el se han hecho muy buenas curas de arcabuzazos y cuchilladas, como no haya hueso quebrado ni desmenuzado, sino en las carnes muertas”. Haenke (Cit. por Soukoup, 1970:44) la indica “en las llagas y úlceras malignas, podridas e inveteradas, sin excepción de las venéreas, con singular alivio, y por lo común con una completa curación de ellas”. Hernández: “las hojas asadas y aplicadas curan la convulsión y calman los dolores...”

La pulpa macerada de las hojas, con el agregado de sal, en aplicación directa en las heridas es citada también por Fagan.

Caulin (1965) y Alcedo, anotan que el zumo de las hojas hecho jarabe es remedio eficacísimo para mundificar las llagas envejecidas y tomando media dracma fluida en agua caliente (en infusión) deshace las crudezas del estómago y expele las materias si hay postema o sangre extravenada, que suele resultar de alguna caída o golpe violento (Nota 17). Cobo la menciona como “provechoso para mal de orina por lo cual usan beberlo”.

Escribe Las Casas, el zumo “de los cohollos muy delicados y de las raíces mezclado con jugo de asensios, es atriaca para la mordedura y ponzoña de la víbora”. López de Gómara registra que “guarece la picadura de víbora”.

Las hojas secas molidas más resina de pino y puesta con su pluma en el lugar del dolor, “ahora sea gota, ahora sea otra cosa, sana”, según Sahagún.

Acredita Hernández que el aguamiel “provoca las reglas, ablanda el vientre, provoca la orina, limpia los riñones y la vejiga, rompe los cálculos y lava las vías urinarias”.

Fagan, considera al pulque un reconstituyente. Para Sahagún es “especialmente bueno para quienes han recaído de una enfermedad, bebiéndolo mezclado con una vaina de ají y con pepitas de calabaza, todo molido y mezclado [por] dos o tres veces”. Lo recomienda mezclado con “la medicina que se llama cchichicpatli, y hervido con ella es provechosa para el que tiene dolor de pecho, o de la barriga, o de las espaldas, o tiene alguna enfermedad con que se va secando, bebiéndola en ayunas una o dos veces, o más, sana”. Además lo indica en las dolencias de los ojos que se trataban con colirio a base de vino de agave con aceite de chicalotl (Argemone mexicana).

Las espinas de maguey las menciona Dacha (1990) en las operaciones de córnea; también citadas por Guerra (1990): “fibras de metl y agujas hechas de espinas del mismo maguey o de hueso”.

Las hojas son señaladas en la curación de animales, caballos y mulas. Gutiérrez de Santa Clara escribe: “tostadas estas pencas [las hojas] al fuego y maxadas entre dos piedras lisas... y puestas calientes en las encabestraduras” y atándolas muy bien por que no caigan, se curan en pocos días. 

El zumo de las hojas, cocido con sus propias raíces en aguas llovedizas, es muy bueno para quitar el cansancio al que se lavare con ella, y para hacer diversos lavatorios medicinales” (Blas Valera, Cit. por Garcilaso de la Vega).

 

CONCLUSIONES

 Resulta difícil imaginar, como una especie vegetal, de gran rusticidad y que soporta la aridez y ambientes extremos, pueda encerrar y guardar tan profundamente sus secretos, revelándose pródiga en todo lo útil y necesario a la vida.

El Agave americana constituyó un recurso extraordinario en la vida material de las poblaciones prehispánicas. Con diligencia e inteligencia llegaron a hacer un uso integral de la planta en un proceso que fue seguramente el resultado de muchos años de observación y experiencias, que les permitió obtener utilidad de sus diferentes partes. Fue medicina que socorría y/o curaba, indicada como analéptico, cicatrizante, vulnerario, desinfectante, diurético, antigotoso, era además usada como colirio. Emplearon las fibras en tantas y diversas formas, obteniendo desde hilo para coser, hasta tejidos, papel e innúmeros subproductos. Los tallos se empleaban en la construcción de casa y de balsas y la fibras servían para amarrar los leños y para arrastrarlas. Las técnicas de extracción del aguamiel y diversas técnicas culinarias, permitían obtener productos que iban desde las bebidas fermentadas, hasta alimentos estabilizados como miel, arrope o azúcar, que se podía almacenar y comercializar o trocar en el tianguez.

Extraordinario el esfuerzo y la capacidad de la población nativa, como extraordinaria es la especie.


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Pardo, O. 2007. El (Agave americana L.) en las culturas pre-hispánicas. Una revisión bibliográfica.


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