Año 15. Nº 1


NOTA BREVE

 

FLORESTA ESTUDIANTIL ENCANTADA Y RUPTURA EPISTEMOLOGICA EN LA CONSERVACION DE LA NATURALEZA DE CHILE: EL LEGADO DEL PROFESOR RODOLFO GAJARDO MICHELL (1947-2011).

Homenaje al recientemente fallecido académico de la Universidad de Chile

Miguel Díaz Gacitúa
miguel.diaz@conaf.cl

 

El 17 de septiembre de 2011, luego de una compleja enfermedad falleció el querido y respetado profesor Rodolfo Gajardo Michell. Estas líneas son una contribución a una semblanza sobre el maestro. Su autor, se disculpa de antemano, de no poder incluir aquí referencias de tantas personas que tuvieron el enorme privilegio de conocerle.

 

I.- Algunas señas de IDENTIDAD SOBRE EL MAESTRO.

Apenas silenciados los cañones de la Segunda Guerra Mundial, el 25 de marzo de 1947, entre los cerros del norte chico chileno vino al mundo Rodolfo Gajardo Michell. Se criará en el campo, entre balidos de cabras y viejos cuentos de pumas y alicantos. Su abuela, una anciana francesa conversará en dialecto interminablemente con él en su infancia rural. Rodolfo nos dirá más tarde en un emotivo texto[1]: “Tres cosas me dejó en herencia mi padre (todas ellas inmateriales). Una, la empatía con la gente humilde, que a poco de conocerte ya te están contando su vida y sus problemas; (...). Dos, una curiosidad intelectual, amplia e inagotable, por las cosas de este mundo y del otro; (...). Tres, algún conocimiento y experiencia en las cosas de cordillera, tierra de arrieros y pastores; que de repente es lo que más valoro. Mi padre murió cuando yo tenía 12 años, y el día de su muerte me expulsaron del paraíso...”. Adulto ya, entrada la segunda mitad de siglo XX sus amigos anarquistas inmigrantes en la barriada sur de Santiago le inculcarán un profundo sentimiento de justicia. El año 1965 entra a trabajar como ayudante en el herbario de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile. La vida familiar de pobreza le lleva a trabajar y estudiar simultáneamente con gran esfuerzo. En 1975, en plena obscuridad dictatorial, resistente y anónimo se gradúa de Profesor de  Estado en Biología y Ciencias Naturales en el  Instituto Pedagógico de  la Universidad de Chile. En 1978 tras algunos años de docencia en la escuela de Ingeniería Forestal de la U. de Chile, en la cátedra de Botánica Forestal y Ecología parte a la Camarga francesa, a Montpellier. Tierra originaria de los grandes fitosociólogos de las plantas de Europa mediterránea. La fitosociología tenía allí a sus grandes maestros tales como el suizo francés Josías Braun Blanquet que descifraban afanosamente los secretos del entonces llamado Orden Natural. Allí hace sus primeros estudios de post grado y también se reencuentra con las raíces, con los sonidos, colores y sabores arquetípicos de Francia, trasmitidos por  su abuela en la infancia. En 1987, luego de estudiar intensamente las serranías, bosques, montañas y desiertos de Chile parte nuevamente a La Provence, a doctorarse en Aix Marsella. En ese puerto, antiquísima entrada africana y árabe a Europa, mantiene largas charlas con entrañables amigos de todo el mundo. Allí surgirá la valorización de las culturas locales, de las otras floras, de otros mundos. De un orden natural más amplio aún por comprender. La reveladora disciplina fitosociológica causará una enorme influencia en él. Llegado a Chile, junto a Cesar Ormazábal en CONAF en profundos trabajos científicos se encargará de darle fundamentos ecológicos al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado. Después de algunos años de trabajo posteriores con el apoyo y paciencia de su esposa, la botánica María Teresa Serra, en 1994 publicará su obra maestra: “La vegetación natural de Chile”, tesis doctoral; una primerísima y profunda descripción del Orden Natural existente en la flora y vegetación del país. En ella, relata la convivencia entre géneros y especies vegetales existentes en este Finis Terrae; desde la cordillera al mar y del altiplano hasta la Patagonia. El interregno será de una intensa discusión acerca del orden natural existente en Chile y de una dilatada formación de jóvenes profesionales, especialmente ingenieros forestales. El año 2005 la Universidad le condecora con la prestigiada Medalla Valentín Letelier como un reconocimiento a su dilatada tarea educativa. ¿Casualidad? Letelier, uno de los más grandes educadores y prohombres del país, también por su contribución al pensamiento y sociedad igualitaria.

ii.- La floresta estudiantil encantada.

A lo largo de su carrera la impronta más característica del Profesor Rodolfo Gajardo fue su extraordinaria vocación docente y su cualidad de mentor intelectual. En sus 45 años de docencia formó a cerca de 2.300 ingenieros forestales en disciplinas tales como botánica, ecología, y conservación de flora y vegetación,  esto es cerca del 50% de los existentes en Chile actualmente. Además de decenas de Ingenieros en Recursos Naturales y alumnos de postgrado. Le reconfortaba que se le reconociera por ese oficio. “Mi legado está en mis estudiantes” nos decía frecuentemente.

Leonardo Araya, ingeniero forestal, quien fuera su ayudante de botánica en los años setenta nos dice[2]: “El Herbario de la Facultad era en esos años era un refugio, donde se reflexionaba y discutía de todo. De ciencias, por supuesto de política, de religión, de la vida, de la evolución, de la historia. (….). En fin era un lugar (…) donde el pensamiento era libre y tenía alas. El Herbario era el alma de la universidad. Más allá de su profundo saber, aprendimos de él una actitud, un modo de pararnos frente a la vida y ante la ciencia. Por eso cuando decimos que lo llevamos dentro, esto no es un decir, pues con toda certeza no seriamos hoy lo que somos sin haber pasado por ese antro del pensamiento libre que era el Herbario”. Esa condición lo hará un profesor querido por los estudiantes durante muchas generaciones.

El año 2004 será un año de disenso mayor en su trayectoria. Había llegado a la convicción de que era necesario generar un profundo cambio epistemológico y un nuevo tipo de profesional para conservar la amenazada Naturaleza del país. Esto va cristalizando en él una permanente oposición a la razón utilitarista con la que se formaba a los profesionales versus la urgencia de adoptar una nueva ética, una ligada a los derechos de la Naturaleza. Emprende entonces la tarea de empujar el nacimiento del Magíster en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza, acicateado por la crisis de la ingeniería forestal tradicional y de la necesidad de asumir los nuevos desafíos ante un mundo natural chileno en declinación. De su discurso el día del lanzamiento oficial del Magíster el 28 de abril de 2005 en la casa central de la Universidad de Chile reseñamos[3]: “En contacto con los estudiantes, evaluando lo que sabían, me surgió la preocupación por el destino de lo que estaba más allá de la ciudad. Las áreas silvestres. Los estudiantes de antes tenían una comprensión más directa de eso. Los de ahora lo saben principalmente por referencias. A partir de eso, me pareció que había que desarrollar una educación para la percepción y vivencia de la Naturaleza. Actualmente el mundo ha llegado a la ocupación plena del planeta. El que sufre ahora es el mundo natural. Es necesario entonces conversar y crear la oportunidad para estudiarlo y gestionarlo de una manera totalmente nueva”.

A su vez, en el Primer Coloquio sobre la Herencia Natural de Chile realizado por los alumnos en mayo de 2007 en Santiago señala[4]: “El programa de Magíster en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza (MASCN) de la Universidad de Chile, en su primera generación de estudiantes, Promoción Fundadores, ha considerado importante realizar este Primer Coloquio, con el fin de avanzar en una propuesta a la Sociedad Chilena, sobre la necesidad de una “Nueva Epistemología para la Conservación de la Naturaleza en Chile”.  Queremos crear un nuevo lenguaje, que asuma el desafío conceptual y operativo de la complejidad, de la incertidumbre de los cambios y amenazas globales, y que escape de las miradas cartesianas y reduccionistas de observar y analizar los fenómenos, separados del Universo en que ocurren”.

Giuliana Furci, micóloga chilena señala[5]: “Su siembra no terminaba en el aula ni en el Reino Vegetal. A través de los años se transformó en mentor y amigo de personas interesadas en variadas disciplinas y diferentes especies. Sobresale su capacidad de formar desde el mundo virtual, alimentando a estudiantes con artículos a las cuales accedía por tener un “pasaporte” (palabras de él)”.

A su vez, Douglas Tompkins, conservacionista amigo de Chile, en un mensaje de condolencias por su muerte señala[6]: “ Como todas las grandes mentes (...) Rodolfo había cultivado una sabiduría de la ética medioambiental y la conservación, que estaba por sobre la ciencia y enriquecía su vida. (...). Una vez que con el tiempo la pena y el shock pasen, seguiremos sintiendo su presencia y escuchando su sabiduría, que nos murmurará a los oídos mientras caminamos por el bosque aprendiendo de los árboles, como él nos instruyó.  Ahí estará él para siempre y con todo el amor de su familia, amigos y aquellos cuyas vidas  tocó”.

La siembra de una nueva visión sobre la conservación de la naturaleza en la floresta estudiantil  y más allá de ella, estaba plenamente lanzada.

III.- La Ruptura epistemológica.

El viaje intelectual, desde la campiña mediterránea hasta las extensas investigaciones heterodoxas que dieron vida a La Vegetación Natural de Chile, lo había llevado a la convicción de que tanto la relación hombre y naturaleza así como la forma de hacer ciencia requerían de un giro epistemológico para adaptarse a las nuevas condiciones de la modernidad. Tanto los conceptos como la relación deberían ser paulatinamente cambiados. De allí en adelante toda su acción se encaminó hacia ese objetivo.

En el Primer Coloquio aludido realizado por los alumnos del MASCN en mayo de 2007 en Santiago señalaba: “Es una certidumbre real que muchos de los conceptos, referentes y paradigmas que en el pasado fueron útiles en la Sociedad Chilena, tanto para su expansión económica y territorial como para el desarrollo de una cultura nacional, han perdido en mucho su potencial inspirador. Los cambios provocados por el despliegue del conocimiento científico y por el cada vez más complejo ideario sociológico y cultural, en la economía, en los modos de vida y en los equilibrios planetarios, han llevado a la obsolescencia a buena parte de aquello que nos fue enseñado, era permanente. Ha ocurrido así también en el ámbito de la conservación de la Naturaleza”.

Además agrega[7]: “El reconocimiento valórico de esta Herencia Natural y de su estado, así como los nuevos y profundos desafíos que presenta su gestión y conservación, nos llevan con urgencia a buscar dotarnos de nuevos saberes y herramientas conceptuales, de nuevos hitos y referentes, también de nuevos lenguajes y gramáticas, que consoliden la relación con ese mundo de la Naturaleza que nos es propio.  Más tarde, sobre estas bases, debemos construir las políticas públicas y crear los procedimientos adecuados para asumir correctamente los desafíos actuales y futuros, a los que un mundo cada más cargado de incertidumbre nos obliga. En el contexto de este espíritu primordial, la conservación y valorización de la Herencia Natural que nos fue concedida, sufre fuerte riesgo de deterioro irremediable y con ello, el empobrecimiento del espíritu y el cuerpo del país”.

La ruptura es con el viejo orden de ideas, con la forma de hacer formación y ciencia antigua. Señala[8]: “Necesitamos construir una nueva estructura de conocimiento, a partir de la cual generar valores. No precisamente por lo que es aportado como conocimiento científico sino que también por el producto del desarrollo de nuestra mente, y también diría, de nuestro corazón. Un sistema de conocimientos acerca del uso de la naturaleza que ve ligado estrechamente a las culturas locales. Y dice: Cuando ellas se extinguen también se extinguen formas de uso, reproducción y conservación, esos pequeños mil trucos estructurados en conductas durante cientos de miles de años. Son referencias codificadas que se desarrollan darwinianamente al decir de Richard Dawkins. A su vez, en la relación hombre naturaleza se pregunta: “¿Cuales son los modos viables para establecer mejores vínculos de relación con la Naturaleza? El problema es que si bien la capacidad instrumental de las ciencias es óptima  probablemente no hay un desarrollo equivalente en ellas a lo que son las filosofías y las metafísicas.

El año 2009 decide abandonar la docencia en el Magíster, asimismo cambios en la Universidad, lo conminan a reducir y abandonar la docencia.

El desafío más grande que tenemos frente al legado de Rodolfo es continuar con el cambio epistemológico y el esfuerzo por hacer de la Conservación una disciplina certera, moderna, ética y socialmente útil, lejos de los utilitarismos y tecnocratismos tan corrientes en nuestra época actual.

IV.- EPILOGO.

Transcribimos este maravilloso texto de Rodolfo de agosto del 2010,

“A los perseverantes de las Áreas Silvestres.

Cuando los humanos llegamos a esta tierra, la montaña, el desierto, el bosque, la playa ya estaban ahí. Y volaban las aves por los cielos, los peces se sumergían en el agua, los guanacos pastaban en las vegas y el zorro ya era astuto en la búsqueda de su alimento. Los atardeceres a veces eran rojos, las nubes dibujaban el cielo y de repente era el hielo o el volcán el que removía la montaña; o, la tierra se remecía y caían las rocas por las laderas de los cerros, acomodándose en nuevos lechos. Y, los grupos deambulantes de hombres y mujeres, aprendían; unos inventando dioses, otros inventando el trabajo arduo de encontrar el alimento de cada día. Así se forjó la humanidad del hombre,
en su vínculo con la Naturaleza, de la cual surgió, de la cual depende, y a la cual debe inteligencia y abrigo. En el día de hoy, a pesar de todos los bienes y beneficios que nos depara el progreso y la tecnología, derivados de una ciencia que cada vez más compleja, en la cual también cada vez hay más analfabetos, presiento con dudas la persistencia de lo humano. Sin ser darwinista, es claro que no tenemos ni los sentidos, ni los instintos y tampoco la inteligencia para vivir en las ciudades y en los centros comerciales. Son artificios, tales como las jaulas más confortables de un zoológico; ¿es que la biología del tigre está hecha para una jaula, por muy espaciosa que sea? Ha sido intentado establecer caminos y referencias en cuanto a la relación del hombre con la Naturaleza. Una iniciativa importante, y de larga data, fue establecer las áreas silvestres, y sus sistemas de conservación y administración. Pero, esa es una construcción intelectual que en nuestra cultura de chilenos no tiene raíces emotivas, ni social ni cultural; no importa que en la escuela nos hayan hecho dibujar la cordillera nevada ni que el himno nacional proclame un cielo azulado. La naturaleza y los recursos que provee son en lo inmediato, para todos, las bases de un enriquecimiento inmediato. Aun escucho en mis oídos la expresión “hay que quemar el monte, para abrir campo”. Es de faltar, y hay gran carencia, de una construcción ideológica y cultural propia, de aquellos que vivimos aquí en este país respecto a la naturaleza, expresada en las áreas silvestres. Es claro que el turismo y sus negocios asociados, encuentran gran objeto de interés en Torres del Paine, el Lauca, y otros lugares de gran calidad escénica. Pero, ese es otro tema. ¿Dónde y cómo el chileno encuentra sustentación a su identidad y humanidad respecto a su entorno natural? Hay elegantes teorías y propuestas derivadas de la biología de la conservación. La biodiversidad y su conservación son el paradigma vigente. Las especies amenazadas constituyen la panoplia que llama a la primera atención. Los paisajes fragmentados parecieran ser el último archipiélago de lo natural, y acuden a ellos muchos llamados de auxilio. No es de creer mucho en eso, cuando se constituyen en puras razones instrumentales, en equilibrio dinámico con los conflictos por el uso de la tierra, que como es una sola ya cumplió su límite de albergue de una sociedad humana pululante en apetencia por los recursos naturales. El ánimo de esta convocatoria a la reflexión y a la proposición, es la necesidad de una propuesta y planteamiento ideológico, filosófico y cultural. No tengan duda que en el ' manierismo ' científico y tecnológico de la conservación pienso que se cuenta con las competencias y aptitudes necesarias. Pero, en las justificaciones y en las razones, tiene que haber un manifiesto social más amplio”. Pensaba en la conservación vista como ciencia y también como práctica social y política.

Maestro, querido Rodolfo, descansa en paz que todo lo que sembraste goza de excelente salud.

 

Este trabajo se leyó en Santiago, el 13 de enero de 2012

En el aula magna de la Facultad de Economía y Negocios

de la Universidad de Chile.



[1] Com. pers. 16 de diciembre de 2010.

[2] Leonardo Araya. Al maestro, con cariño. Chile Forestal N° 357, Septiembre-octubre 2011, CONAF, P. 60.

[3] Notas de Miguel Díaz G.

[4] Diego Flores, Miguel Díaz y Beatriz Córdova. Actas del primer coloquio sobre la Herencia natural de Chile. La conservación del bosque esclerófilo en el paisaje natural y cultural de Chile central. Santiago, Universidad de Chile, 3 de diciembre de 2006. P.6.

[5] Com. pers. 2 de enero 2012.

[6] Douglas Tompkins. Mensaje de condolencias a María Teresa Serra, septiembre 2011.

[7] Id anterior.

[8] Idem.


Citar esta nota como:

Diaz Gacitúa, M. 2012. Floresta estudiantil encantada y ruptura epistemológica en la conservación de la naturaleza de Chile: el legado del profesor Rodolfo Gajardo Michell (1947-2011). Chloris Chilensis. Año 15 N°1.
URL: http://www.chlorischile.cl


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